Me presento...
¡Hijos míos! No tengo nada que ver con la Iglesia, porque no quiero, aunque respeto las enseñanazas divinas tanto como el que más da...es solo que me encantó el disfraz. Se lo birlé a un pringao durante la última fumata blanca, teniaís que haberle visto el careto... Pero fue por una buena causa, para ayudar al prójimo, para luchar por la justicia y el valor ajeno, para amenizar una existencia indecente y agotadora... ¡Soy el Cardenal Justiciero! ¡Tengo el record de levantamiento de caliz! ¡Puedo deletrear Eclesiastés sin ponerme nervioso! ¡Y mientras conduzo mi flamante Cardenlomóvil sin mirar! ¡Puedo fingir que toco el Ukelele con los piés! ¡Soy capaz de sumar sin que veas la calculadora invisible -una de mis mejores armas! 2-1 igual a 1...¡¿Lo veís?! ¡Ja, Ja! Todo empezó cuando mi madre me dijo que era de otro planeta, que no, que los niños no cantan el aleluya al revés, que no se ponen los calcetines encima de las botas. Pues vale. Seré de otro planeta. ¡¡¡Ayulelaaaaa!!! Partiendo de esa maravillosa teoría,empecé a desarrollar mis poderes a muy temprana edad, tanto que nimacuerdo. A los 14 años ya era capaz de repetir tres cursos seguidos. A los 16 ya me sabía de memoría todos los colores del alfabeto. ¿No está mal, eh? Si me apuraís, a los 20 ya era capaz de dar un miting en solitario, saltar a la comba con una mano y vestirme de cucurucho de nata y trufas. Por todas esas razones, y después de meditarlo durante unos 36 segundos, tomé la decisión de convertirme en el héroe definitivo. Riete tú de Spaiderman. Trónchate de Miki Maus. Ha llegado mi momento.